NADIE VIVO POR AQUÍ

 TAREA: Escribir un relato desde dos puntos de vista diferentes.


Siento como si saliera de un pozo oscuro, buscando el aire. Mi cara está medio sepultada en la tierra. Casi no puedo respirar, boqueo como un pez y solo consigo tragar barro. Trato de abrir los ojos. No consigo distinguir lo que es pero algo muy pesado me oprime el pecho, apenas puedo moverme. 

Ni tan siquiera sé muy bien dónde estoy. Han sido ocho interminables horas de lluvia de fuego, huyendo de trinchera en trinchera, hasta que me ha parecido que el suelo se abría y todo se me venía encima. Lo último que recuerdo es aquél obús que vi llegar lentamente, como si fuera contando los segundos.

Ahora todo es silencio, solo algún crepitar de llamas a lo lejos. Algún quejido apagado de dolor.

Consigo escupir la tierra de la boca e intento respirar sin apenas despegar los labios.

Me parece escuchar unos susurros, como si alguien se arrastrara. Podrían ser los alemanes.

Una maldita rata se pasea por encima de mí, me olisquea alrededor de la boca, pero no puedo arriesgarme a hacer ningún ruido.

Por fin me parece verlos saltar desde el parapeto. Se oyen algunos disparos. Deben estar rematando a los pocos que queden medio muertos como yo. Afortunadamente la rata huye.

Siento sus pasos prácticamente sobre mí. Intento no respirar, pero no puedo evitar un soplo de alivio cuando levantan lo que me estaba oprimiendo, sacos de tierra y algunos cuerpos, probablemente sean Jaimie,  Lian o Jacob. Eran los que estaban conmigo.

Creo que el boche no se ha dado cuenta. Trato de hacerme el muerto, con los ojos abiertos, sin parpadear. El muy cabrón se queda un buen rato mirándome fijamente. Casi no puedo contener las lágrimas.

Me patea, parece que me da por muerto. Los oigo alejarse. Espero a que llegue de nuevo el silencio.

Hace rato que no se escucha nada del lado de los ingleses. Los Gotha G.IV han debido hacer bien su tarea.

Ahora esperamos la orden de asaltar las trincheras. Esto siempre me revuelve el estómago.

Wholauf!

A pesar del silencio nos acercamos despacio. Es posible que hayan quedado todavía minas sin explotar en tierra de nadie. Al llegar cerca del parapeto avanzamos a rastras sobre el barro. Nada se mueve allá abajo. Saltamos.

Aquello es un amasijo de sacos, hierros y  cuerpos destrozados, desmembrados, abrasados.

Recogemos los short-magazine que asoman aquí y allá y vamos removiendo los cuerpos. La orden es clara, nadie con vida del otro lado.

Las ratas huyen al escuchar nuestros pasos. Observo a una de ellas merodear sobre un montón de cuerpos. Aparto los que estan más arriba y descubro medio sepultada en el barro una mirada que trata de ocultarse, y un palpitar apenas perceptible unos centímetros más abajo. Permanezco unos instantes atrapado por aquellos ojos que se pretenden inmóviles, muertos, tratando de no expresar el pánico inevitable. Es una mirada azul, inocente, casi infantil.  

Termino de levantar varios sacos que le mantienen inmóvil y percibo como, involuntariamente, se ensanchan sus pulmones.

Escucho disparos de algunos compañeros más adelante, rematando las pocas vidas que quedan.

Es mi turno, pero no logro esquivar esa mirada que, sin poder evitarlo, me pide permiso para seguir viviendo.

Me pongo en pie y pateo su cuerpo para hacer evidente que constato su muerte. 

¡Nadie vivo por aquí!

Comentarios