DE CAMINO AL PARADOR
TAREA: Escribir un relato con una de las estructuras que hemos visto. Buscar la idea y luego ver con cuál se desarrollará mejor, cuál es la que conseguirá que quede mejor plasmada.
Le tranquilizaba perderse en la
carretera que bordea el rio hasta el Parador. A primeros de noviembre es raro
encontrarse con alguien por allí. Todos los colores del otoño la acompañaban
aquella mañana. A pesar de todo Clara estaba inquieta, pendiente de aquella
llamada que, de una forma u otra, iba a marcar su futuro, al menos en los
próximos años.
—No te pongas en lo peor -le
habían dicho.
—Puede ser benigno, en cualquier
caso, lo hemos cogido a tiempo. Los tratamientos están muy avanzados.
Agradecía la intención, pero le
sonaba a hueco.
Aquello había dejado su vida en un
impase.
De pronto todos sus proyectos le
parecían absurdos: El máster, el doctorado, el Erasmus, su futuro en la
universidad.
Seguir siendo maestra en Bielsa,
ahora, le parecía el mejor de sus sueños.
Esa noche Andrés apenas había
dormido. Le había estado taladrando la cabeza el encuentro con Sandra en el
Reyna’s. No lograba explicarse por qué la había encontrado tan distante. Estaba
como ausente, forzando la sonrisa cuando él trataba de acercarse. La vio
levantarse y salir sin despedirse. Le miró desde la puerta y le dejó claro que
no tenía que seguirla.
Las cosas habían empezado a
enturbiarse desde que él había conseguido el contrato en el Parador.
Sandra soñaba con salir de Bielsa
y él había sido su pasaporte hasta entonces. Nunca pensó que estrenaría allí,
tan cerca, su reluciente carrera de Turismo.
Para él, sin embargo, trabajar
allí de relaciones públicas era mucho más de lo que podía soñar.
Sonó el móvil. Se detuvo en seco
apartándose apenas hacia el arcén. La señal le llegaba entrecortada. Bajó del
coche.
Las interferencias no le
impidieron escuchar lo que más temía.
—Te esperamos mañana en el
hospital para decidir contigo los pasos a dar. Sé que es difícil, pero intenta
no preocuparte más de la cuenta.
El resto de las palabras le
sobraron. Le chocó aquello de “decidir” ¿Acaso tendría opciones?
No recuerda el tiempo que pasó
hasta que el frío le recordó dónde estaba. Volvió al coche.
Entonces se dio cuenta: Se había
detenido en una curva cerrada y sin visibilidad. Tenía que moverse de allí.
Al acelerar se escuchó un
chirrido. El coche no podía arrancar. La rueda de atrás se había descolgado en
el arcén.
Aquello no podía estar pasándole. Trató
de serenarse. ¿Dónde tenía la señal de emergencia?
Se puso a rebuscar en el maletero.
Por fin Andrés se había dormido
casi al amanecer y le había costado despertarse. Le tocaba turno de tarde en el
Parador y había salido con el tiempo más que justo.
Clara escuchó el motor de una moto
que se acercaba.
No había tiempo, corrió carretera
arriba para intentar detenerla. El motorista no se detuvo. Le pareció que ladeaba
la cabeza y la miraba extrañado desde el fondo del casco, pero la esquivó.
No pudo reaccionar, se quedó
paralizada esperando el estruendo del golpe. En unos segundos lo vivió todo, el
golpe, la moto empotrada en el coche formando un amasijo de hierros, el cuerpo
volando por el aire, el cuerpo inerte en el suelo, su desconcierto, su impotencia.
De pronto salió de su confusión y
escuchó el motor de la moto alejarse y ¿detenerse?
Corrió hasta el coche y allí
estaba Andrés esperándola con aquella sonrisa que le había abierto tantas
puertas.
—Parece que el arcén le ha jugado
una mala pasada. Con la nieve estas carreteras se deterioran mucho ¿Me permite
que la ayude?
Clara se dejó caer sobre el coche.
Toda la tensión se le derramó en un llanto incontrolable.
—Bueno, no se preocupe, no es para
tanto. Verá como ahora entre los dos lo sacamos de ahí.
Se le abrió paso una sonrisa entre
hipos y lagrimones.
—Perdón, es que no sabe todo lo
que se me ha pasado por la cabeza en un momento. Creí…
no sé, no encontraba el maldito
triángulo de emergencia…
—Tranquila, estoy aquí, mire, de
carne y hueso, puede tocarme como Santo Tomás, si no se lo cree.
Se acercó y le tendió la mano. Ella
se dejó caer sobre su hombro.
—Venga que no ha sido nada. Eso sí,
vamos a poner la señal, no sea que venga otro con menos reflejos.
En un momento, Andrés colocó unas
piedras formando rampa bajo la rueda y el coche salió sin problema.
—Lo siento, esta mañana todo se me
ha venido encima. Mil gracias… bueno, no sé cómo te llamas, yo soy Clara.
—Encantado Clara, yo soy Andrés,
el que ha vuelto a nacer esta mañana. No creas, todo tiene un precio. Ahora
necesito que me acompañes al Parador y le cuentes al gerente todo esto para
explicar mi retraso.
—Por supuesto, lo que haga falta,
en realidad hoy iba paseando por aquí sin rumbo.
—Pues vamos, sígueme, después te invito
a un café y, si quieres, compartimos todo eso que tanto te pesa.
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