NO ME VAYAS A PILLAR EN FALTA
TAREA: Utilizar narrador en 2 persona.
Quiero aprovechar este momento para decirte todas las cosas que nunca te he dicho, todas estas cosas que me van carcomiendo por dentro cada día. Que corren atropelladas hasta mi boca y se detienen dientes adentro.
Solo eres un niño rico estúpido y arrogante. A saber cómo te sacaste el título. Cuántos favores y regalos le costó a tu padre, D. Severiano. Él si que era un artista, un auténtico creador, fue capaz de romper las formas introduciendo lo curvo, lo asimétrico, lo imposible, se atrevió con nuevos materiales.
Tu abuelo era tranviario, ya lo sabes, y él tuvo que pagarse los estudios trabajando por las noches de vigilante en las obras. Allí pasaba las horas observando las estructuras y soñando edificios. Desde allí llegó a conseguir el Pritzker.
Tu siempre has vivido cómodamente a su sombra, pero no serías capaz por ti mismo ni de levantar una pared que se sostuviera.
Para eso nos tienes aquí a todos nosotros, un ejército de machacas que él se encargó de dejar bien formados, para que te hiciéramos la cama.
¿Sabes? El caso es que no me parece mal. Tú puedes permitírtelo. ¿Para qué vas a esforzarte si puedes tenerlo todo? Nadie está obligado a ser genial. Aunque el sueño de tu padre era que recogieras el testigo y diseñaras las viviendas sostenibles del futuro.
Te has conformado con aprovechar los vientos favorables de la burbuja y explotar la estela de su nombre. Es una pena pero estás en tu derecho.
Ahora bien, lo que es intolerable de todo punto es tu insolencia y tu grosería. Ese gesto displicente con que desfilas cada mañana con las llaves de tu Porsche en la mano y tu traje de Tom Ford. Esa mirada tuya siempre despectiva, como si nos perdonaras la vida, como si te debiéramos algo. Ese placer que destilas cuando puedes humillarnos, al menor error, al menor retraso al entregarte un proyecto. Te creces con el poder que te da el tenernos atrapados a una mierda de salario, al miedo de quedarnos en la calle, ahora que todas las empresas están cerrando.
Ni siquiera eres capaz de dar la cara. Para eso tienes a ese sapo verde de Gregorio que se sabe todas las artimañas para regatearnos la miseria y sacarnos hasta la última gota.
Y la pobre Rosa, que una vez estuvo enamorada de ti, porque era casi una niña y, la verdad, es que impresionas con tu metro noventa y tus ojos azules, y ahora, que ya sabe que solo eres fachada, tiene que aguantar cada día tus manoseos y tus burlas.
Para qué hablar de lo que haces con Elena. Tienes a gala que no hay mujer que conozcas que no haya pasado por tu cama. Y hasta eso sería perdonable si no le hubieras robado el alma, a base de vejaciones e insultos. A saber la estela de dolor que has ido dejando en el camino.
Eres un canalla, yo diría que, más aún, un psicópata. Sí, sí, eso, un jodido psicópata. Nada te importa del sufrimiento ajeno. Tu padre no se merecía un hijo como tú.
Pero, vaya, parece que estás despertándote. A saber lo que te metiste anoche. Ya me llega la peste a charca podrida de Gregorio que vendrá a poner remedio al lamentable estado en que te encuentras.
Voy a terminar los planos del nuevo chalet de los Rigalt que para eso me he quedado aquí toda la puta noche. Lo último que quiero es que me pilles en falta.
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