¿QUÉ DÍA ES HOY?

 TAREA: Utilizar diferentes narradores en 3ª persona: Omnisciente, objetivo, cómplice y estilo directo e indirecto.

A poco que nos pongamos en el momento del despertar de un sueño intenso y enrevesado en medio de la noche, de esos de los que no hay manera de  salir y sintamos esa extrañeza de nosotros mismos, esa confusión de los sentidos, podremos hacernos una idea aproximada de lo que ocurre cuando, sea cual sea la causa, se va deshaciendo esa red de neuronas que hemos ido tejiendo de vivencias y que nos da sentido.

Imaginemos que, además, como le ocurrió a Mercedes, despertamos en un lugar que nos es ajeno, desconocido, sin referencias para nosotros, en un lugar impersonal sin ni siquiera el calor de algún objeto que nos reconduzca al hilo de nuestra historia.

La 4ª planta del Hospital Clínico se había convertido en un cajón de sastre donde ingresaban las urgencias de cualquier especialidad que no cabían en sus respectivas secciones. Elena tenía una metástasis avanzada y había ingresado allí con un insoportable dolor de cabeza y nauseas provocadas por la inflamación cerebral. Al llegar la colocaron en una habitación donde apenas si cabían las dos camas. Aquello parecía un zulo. Para colmo de males en la cama de al lado había una mujer recién operada, acompañada de una tribu, que iba y venía día y noche y que se mostraba incapaz de modular el volumen de su cháchara. Al día siguiente Elena explicó la situación a las enfermeras y pidió que la cambiaran de habitación.

—Has tenido suerte, vamos a dar de alta a la vecina de Mercedes, te pasaremos con ella, está sola y es tranquila y la habitación es más amplia y luminosa.

Elena pensó, por aquella forma de referirse a Mercedes, que se trataba de alguien especial.

A media mañana la trasladaron. La habitación en ese momento estaba llena de sol y Mercedes la recibió con una sonrisa, recién duchada y peinada.

—¡Buenos días! ¡Bienvenida!

—Eres Mercedes ¿no?

—Sí, Mercedes me llaman. ¿Y tu?

—Yo,  Elena.

— Menos mal que has venido ¿Sabes si te vas a quedar mucho tiempo?

—No lo sé, pero espero que no sea mucho.

 —Siempre igual, aquí todos se van y yo siempre me quedo. No sé cuánto tiempo llevo aquí. ¿Qué día es hoy?

—24 de Noviembre, lunes.

—¿24? Vaya, si mi sobrino me dijo que vendría a buscarme el día 8, me suena el 8,…sería el 28. No sé, ya veremos.

La mirada de Mercedes se oscureció. Reclinó la cabeza y no tardó en quedarse dormida.

A pesar del malestar que todavía no había logrado aplacar la cortisona, Elena sintió una inmensa ternura ante aquel rostro apacible que descansaba con sus cabellos blancos iluminados por el sol.

Poco antes de que llegara la comida, Mercedes se despertó.

—Hola, buenos días. Vaya, tengo vecina nueva. ¿Cómo te llamas?

—Soy Elena, Mercedes, ya nos hemos presentado antes.

—¿Si? Madre mía, que no se entere el médico que no me deja salir de aquí. ¿Qué día es hoy?

—24 de Noviembre, lunes. Pero ¿Qué más da, Mercedes?

—Es que mi sobrino dijo que venía a buscarme el día 8, creo que dijo el 8, bueno…sería el 28. Voy a apuntármelo, para que no se me olvide.

Se acercó a su mesita a buscar un lápiz.

—¡Ya se me ha olvidado! ¿Cómo era? Madre mía, como se entere el médico de aquí no salgo.

Mira, te voy a contar mi historia, si no te importa, es que aquí no tengo con quien hablar.

Le contó que era la menor de 8 hermanos y que, como no valía para estudiar, su padre la puso a trabajar en el comercio de la familia, muy famoso, en la calle Garrigues, y después entró en Galerías Preciados, hasta que cerraron y se lo quedó ese otro cuyo nombre ya no recuerda. Le dieron un buen dinero y, mientras duró, todas las navidades compraba regalos para sus 21 sobrinos y todos iban a comer a su casa. Pero ahora ya solo le quedaba la pensión y solo vivían 3 de sus hermanos, ya muy mayores, y los sobrinos habían vendido la casa de Rocafort. Era normal, todos tenían que heredar. Se acabó el dinero y se acabó la tía Mercedes. Ahora vivía de alquiler, pero se apañaba con sus 600 euros.

—Pero ¿sabes? El otro día salí de casa y me perdí. Es que todas las calles me parecían iguales y no podía acordarme del nombre de la mía. Me recogió la policía y me trajo aquí. No sé cuánto tiempo hace. Pero vino mi sobrino y dijo que me recogería el día 8. ¿Qué día es hoy? Perdona, pero es que de vez en cuando se me va la cabeza.

—No te preocupes, es lunes 24 de Noviembre.

—Yo, por eso quiero ver la tele y leer las revistas que me traen las enfermeras, así me acuerdo de las cosas. Porque aquí me cuidan mucho, pero yo quiero volver a mi casa.

Elena estuvo allí durante 15 días y todas sus visitas escucharon a Mercedes contar su historia. Las enfermeras le explicaron que no podían darle el alta porque no tenía adonde ir. A pesar de su discurso errático y agotador ya no podría sacarla de su vida. Mientras tuviera fuerzas no faltaría cada lunes con dulces y alguna revista, dispuesta a ayudarla a no olvidar.

—¡Uy! ¿No erais tres antes? Tu madre, tu hermana y tu….Una, dos, tres, cuatro,… ahora sois cuatro.

—Ha venido su amiga Elena.

—Ah, encantada, es que a veces me confundo un poco. ¿Qué día es hoy?

—4 de Febrero.

—Bueno… pues ya falta poco para el día 8.

Comentarios