PERDIDOS
TAREA: Construir un relato con dos estructuras independientes pero conectadas entre sí. Utilizar diálogos y cuidar el diseño de los personajes.
Son las 9 de la mañana, ha sonado ya el timbre, Ximo trata de hacerse el ánimo. Como todos los domingos por la noche ha dormido mal. Ya al atardecer le sobrevino esa angustia indefinida que le anuncia la vuelta a la trinchera.
El equipo directivo había confiado en él para el nuevo proyecto y eso le halagó en un principio. Se trataba de rescatar a ese grupo de alumnos que estaba haciendo la vida imposible a toda la secundaria: Todo práctica, talleres, salidas culturales,… vaya, lo que siempre había pensado que debía ser la escuela, pero nunca se imaginó que tendría que enfrentarse a algo tan duro.
—Es mejor que no llegue tarde, si no cuando entre ya no habrá manera de remontar la situación –se dijo.
La semana pasada estuvo comiendo con un compañero de F.P. y le dijo que en los talleres había una emisora. Pensó que sería una buena idea tratar de ponerla en marcha con sus alumnos, así tendrían motivación para investigar y escribir y aprenderían a usar las nuevas tecnologías. Había estado trabajando todo el fin de semana tratando de hacer más atractiva su propuesta, pero iba imaginando todas esas miradas desafiantes y ya no lograba estar seguro de nada. Y ellos lo sabían. El pasillo le pareció demasiado corto.
Esa mañana Christian se despertó extrañado porque había oído el despertador. Ya hacía un rato que las tripas le andaban rugiendo. Su hermano seguía durmiendo en la litera de abajo.
—Vamos Adrián, que si llegas tarde al colegio madre me va a cardar.
Se acercó a la nevera. Solo quedaba leche. Ni cola-cao, ni galletas, ni pan. Ni dinero en la mesa para un bollo.
—Puta mierda con la leche. De siempre sabe que se me agria. Pues que le den, yo paso.
Tu sí, Adrían, tú bébetela. Venga, dale caña.
Soltó a su hermano en la puerta del cole y fue a buscar a sus colegas al callejón de atrás. Igual pillaba algún bocata o al menos alguna calada al peta compartido.
—Hey, loco ¿no hay más peña? Joder, vengo rajao de hambre. La vieja me tiene la nevera chunga. Hasta que cobre nos vamos a comer los mocos.
—¿Y tu viejo?
—¿Mi viejo? Ese va de sobrao y es un puto pufo. ¡No me rayes! ¿Tienes un peta?
—Tú siempre por la patilla ¿No? Anda métele.
—A ver si así to empanao aguanto hasta el recreo y le doy el palo a algún pringao.
—¿Subimos a ver que nos prepara el ansias de Ximo?
—Va de buen colega, pero no se cosca.
Ximo lleva ya un buen rato esperando en la clase a que lleguen al menos 5 o 6 chavales para explicar su proyecto de radio.
—Llegáis tarde ¿Lo sabéis, no?
—Estábamos poniéndonos las pilas, profe.
—Ya lo veo ya, menudos ojitos que os traéis. Bueno, a ver qué os parece.
Hace de tripas corazón para superar el cuadro de desgana infinita que le ofrece el auditorio y se va entusiasmando mientras explica su idea. Después silencio.
—Bueno, decid algo. ¿Queréis que vayamos a ver la emisora? Los profes de F.P. la han montado para nosotros y nos van a dejar las cabinas insonorizadas y todo. Podremos emitir todos los días a la hora del patio ¡Anda vamos!
Parece que al ver todo el montaje, los auriculares, los micros, las mesas de mezclas… se les aviva la mirada y bombardean a preguntas a los técnicos.
Al volver a clase están más animados.
—¿Podremos poner música? ¿De la que nos mola?
—Sí, habrá tiempo para todo, pero lo primero es que pensemos un guión. ¿Qué es lo que queremos contar? A ver, ideas. Venga, escribid en este folio todo lo que se os ocurra. Hoy vamos a dedicar toda la mañana a esto.
—¿Podremos hablar de sexo?
—¿Y de los rollos del famoseo?
—Sí, pero depende, que os estoy viendo venir. Ya tenemos música, sexo y famoseo. ¿Qué otras cosas os preocupan? ¿Qué os parece si habláramos del barrio o de los problemas del trabajo, el paro? Podríamos hacer entrevistas a los vecinos.
Pasaron la semana trabajando sobre el guión. Contra todo lo previsto parecían interesados. Hubo que cortar, retocar y pulir pero fue quedando algo presentable. Ximo no se atrevía a tirar las campanas al vuelo porque los temía, pero estaba ilusionado al verlos activos por primera vez. Buscaron un nombre:
—¡Radio friki!—¡ Lo peta radio! —¡Cool radio!
—¿Y si la llamamos Perdidos? como la serie, bueno y como nosotros, ¿No, profe? Porque nos habéis metío aquí a los casos perdíos, pa que no molestemos. Y a ti t’han tirao el marrón ¿No?
—Bueno Christian, seréis lo que vosotros queráis, pero me parece bien el nombre.
El lunes fue su primer programa:
—Buenos días colegas perdidos, ésta es vuestra radio.
Todo fue bien. Los compañeros felicitaron a Ximo. Era la primera vez que aquellos chavales conseguían construir algo positivo. A ellos también se les veía contentos.
A la salida del colegio Christian recogió a su hermano Adrián y lo llevó donde la abuela. Se acercó a la avenida, a los alrededores de la tienda de compraventa, a ver si encontraba a uno de esos tipos que hacían de intermediarios para vender las cosas de los menores.
—Anda tío, a ver que me sacas por estos micros, ojo que son profesionales, no me vayas a tangar que te la juegas.
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