UN HALO DE SILENCIO
TAREA: A partir de un relato mitológico crear una situación actual. Usar principalmente diálogos. Escasa narración
Después tratar a uno de los personajes que hemos escrito desde el diálogo interno indirecto y al otro desde el directo.
—¿Quién llamará a estas horas?
—No puede ser nada bueno. ¡No abras Hakim!
—Nabila, déjame, tengo que abrir, sea lo que sea no lo podremos evitar. Quédate aquí con las niñas.
—¡Abre Hakim! Soy Omar, traigo noticias muy importantes.
—¡Omar, amigo! perdona, pero a estas horas te temes lo peor. Siéntate. ¡Nabila, es Omar! Anda prepáranos un té.
—No hay tiempo para tés, Hakim, lo que vengo a decirte es muy grave.
—No será tan urgente que no podamos tomar un té, después de tanto tiempo sin vernos.
—No habría venido desde Damasco a estas horas si no lo fuera. Sabes que mi cuñado Nader tiene contactos en la Coalición y me ha advertido de que es inminente un ataque combinado contra Homs. Tienes que marcharte, ya, de inmediato.
—Pero ¿Cómo vamos a dejar aquí toda nuestra vida? Así, de pronto. Ahora que empezaban a irnos las cosas un poco mejor. ¿Estás seguro Omar?
—Vuestra vida, de eso se trata. Es una represalia por el ataque químico a Duma. No quedará piedra sobre piedra. Coge a tu mujer y a tus hijas y lo que puedas cargar en el coche, y vámonos.
—Ya has oído Nabila, tú que sabes mejor dónde está todo, recoge lo imprescindible y vámonos. Cerraremos bien puertas y ventanas, mientras tu recoges yo las reforzaré con unas maderas.
—¡No Hakim, no! ¡Por favor! Otra vez dejar todo atrás…¡No puedo!
—No estamos solos Nabila, están las niñas, no podemos arriesgar su vida.
—¿Su vida? ¿Qué vida? ¿Qué vida nos espera? Más nos valdría que nos arrasaran las bombas.
—Venga, vamos, no discutas, no perdamos el tiempo. Cuando todo esto pase podremos volver, igual tenemos suerte. ¡Maissa!, ¡Naouar! tenemos que irnos, ayudad a vuestra madre a recoger las cosas, Omar, échame una mano con las ventanas.
—¡Callad! ¿No escucháis un ruido sordo?
—Sí, parece como cuando se escucha una tormenta en la lejanía.
—¡Vamos!¡Rápido! Ya no hay tiempo, coged cada uno lo más necesario y subid al coche, lo pongo en marcha y os espero.
Hakim subió a cerrar bien las ventanas de las habitaciones y vio una lluvia de fuego sobre la ciudad.
Saltó la escalera y arrastró a Nabila, que estaba paralizada, sujetándose la cabeza con las dos manos y negando una y otra vez.
—No, no, no, no puede ser.
—Vamos, no mires atrás, ahora solo importa nuestra vida.
Al subir al coche, Nabila, no pudo evitar volverse, solo una última mirada, justo a tiempo de ver aquella inmensa bola de fuego haciendo pedazos sus mejores años, las casas de Salma y de Fátima, el café de Karim,… los niños de la madrasa, ¿Habrán podido salir?
Su mirada se quedó enredada en aquella pregunta. La envolvió un halo de silencio. Nunca volvieron a escuchar su voz.
HAKIM
Hakim se despierta aturdido y sobrecogido, le ha parecido escuchar unos golpes en la puerta.
Mira el reloj, son las 3. Siente como se le encoje el estómago.
Se pregunta quién puede llamar a esas horas. Tiene la certeza de que no puede ser nada bueno.
Nabila le pide que no abra. Le pesa esa actitud suya tan infantil. Prefiere hacer como los avestruces: “Si no lo veo, no existe”.
Él también tiene miedo pero también tiene muy claro que de nada sirve taparse la cabeza con las sábanas. Lo que sea no va a irse.
Cierra la puerta que da al pasillo de los dormitorios. Se acerca sigiloso a la entrada.
Escucha la voz de su amigo Omar. Puede respirar, aunque no está muy seguro, sabe que él no se presentaría así, a esas horas, sin avisar, si no pasara algo grave.
Se siente confuso, se alegra de ver a su amigo, pero no deja de sentir ese nudo en el estómago, no logra acabar de respirar.
Las palabras de Omar le van cayendo encima como golpes, se siente perdido en una pesadilla de la que no puede salir.
Se le agarrotan las lágrimas en la garganta.
Necesita gritar ¡Maldita guerra! ¡Malditos todos!. No sabe si machacarse la frente contra la pared o… llorar y dejarse caer, él también, como un niño. No puede con la responsabilidad de sacar de allí a su familia.
Se avergüenza de mostrase así delante de su admirado Omar y se avergüenza otro tanto de pensar en semejante tontería. ¡Qué más dará eso ahora mismo!
Tiene que reaccionar ya. No hay tiempo para pensar.
Busca a Nabila, aunque ya sabe que no se lo va a poner fácil. Nunca la había visto tan feliz como estos años. Está tan cansada como él de esta huida sin fin. No quiere seguir, no quiere irse.
Tal vez si estuvieran solos… no sabe si preferiría rendirse. Pero están las niñas, no pueden ponerlas en peligro.
Las busca, tal vez ellas animen a su madre a moverse.
Sabe lo que significa aquella casa para ella, aquel barrio, sus amigas, su té en el barecillo de Karim. Es la primera vez que ha echado raíces después de tantos años de andar sin rumbo de un sitio para otro. Él siente lo mismo.
Tiene que proteger aquella casa. Recuerda que tiene unas maderas viejas en el altillo. Si las clava en las ventanas no se romperán los cristales. Le pide ayuda a Omar.
De pronto todos se miran, escuchan como se acerca un ruido sordo, como un trueno interminable que hace temblar el suelo.
Se asoma a la ventana del cuarto de las niñas. No puede creerlo. Una lluvia de fuego se va acercando, destruyéndolo todo a su paso.
Tienen que irse ¡ya! Busca en su habitación el dinero y los documentos. Lo demás ¡qué importa ya!
Encuentra a Nabila en el salón, paralizada, con la mirada perdida, encogida como un ovillo.
No le responde.
No pueden esperar más. Tiene que llevarla hasta el coche. Omar les espera ya en marcha. Las niñas ya están con él. En medio de aquel caos le despiertan una sonrisa: ¡cómo han corrido! ¡la vida busca la vida!
El fuego está ya muy cerca. La lleva consigo a su pesar. La siente rígida, casi no percibe su aliento. Parece que no le escucha.
El coche arranca, ni siquiera parece seguro que puedan salir de allí, se abandona en las manos de Omar, no puede ya contener las lágrimas. No, Alá no está con ellos.
NABILA
Mmmmm…¿Es la puerta? ¿A estas horas? No puede ser nada bueno.
Hakim va a abrir, no debería…, puede ser peligroso… ya se lo he advertido, pero nada, como si oyera llover…
¡Qué testarudo es este hombre!
Hum…, ¡Vaya! es Omar, ¿Qué demonios querrá a estas horas?
No me gusta Omar. Se cree que lo sabe todo. Se cree mejor, ya ves tú.
Sí, sí, vive en Damasco y trabaja para el gobierno,… ¿y qué? no es para tanto.
No sé porqué Hakim le admira tanto, total solo es un chupatintas.
Seguro que querrá quedarse a dormir, le prepararé una cama…eso me falta a mí, más faena.
Hale, ahora también a preparar el té ¡qué fastidio!
Pero ¿Qué está diciendo ese loco?
No, no, no, no, ni te lo pienses Hakim, yo no voy a irme de aquí.
No puedo dejar esta casa, este es mi lugar. No, no, de ninguna manera.
Seguro que exagera. Este Omar ¡Qué no hará para darse importancia!
Total un bombardeo más…
Han sido tantos…estoy cansada de huir…de volver a empezar… tantas veces…
¡Ahora no! ¡no! ¡no quiero ni escucharlo! ¡no me moveré!
La casa resistirá, sí, ya lo creo,… es sólida, es la mejor que hemos tenido.
Alá nos protegerá, no permitirá que lo perdamos todo.
¿Lo sabrán Salma y Fátima? Tendría que avisarlas. Y al Fqih de la madrasa.
¡Hay que avisarle…! ¡Los niños!
Pero… no puedo… no puedo… no puedo dejar esta casa. Sé que si salgo será el fin.
No voy a moverme. No sé si podría. Siento todo el cuerpo agarrotado.
Escucho un ruido enorme, pero es como si estuviera lejos. Todo está lejos.
Hakim me arrastra. Me dice que no mire hacia atrás.
No sabe que yo ya solo puedo mirar atrás.
Hacia delante no hay nada.
¡Está lloviendo fuego! ¡Están arrasándolo todo! ¡Salma, Fátima! ¿Dónde estáis?
¡La madrasa! ¡Los niños! ¿Habrán podido salir?
¡No! ¡No! ¡Alá no puede haberlo permitido!
Me empujan dentro del coche, cierro los ojos. Nunca me iré de aquí.
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