LOVE ME TINDER
TAREA: Escribir un relato partiendo de un propósito, una idea que pretendemos desarrollar, un objetivo. Trabajo desarrollado en tres semanas: Planteamiento, nudo y desenlace.
Mi tema: Reflejar la inconsistencia de las nuevas relaciones "liquidas", sin compromiso. El egoísmo y el narcisismo que subyace. La soledad.
No sé de dónde me viene este agobio que siento siempre después de follar. Suerte que pasa pronto.
—¡Espera, Erin! No te apartes, quédate así, encima de mí, un poquito más.
—Mmmm, Marcos, me gusta cuando te acurrucas así, como un bebé, como un animalillo buscando cobijo.
Creo que a mí también podría gustarme, pero ¡No, no, no, no! No quiero que Erin se confunda.
Lo nuestro ha estado siempre claro: tenemos buen sexo, nada más, sin ataduras, por muy dulces que parezcan.
Intento no ser brusco, pero me abro a un lado.
Erin remolonea.
—¡Qué pereza salir ahora! Hace un frío brutal ahí fuera. Si quieres me quedo a dormir.
—No Erin, ya sabes que no me gusta dormir en compañía. Mañana tengo reunión con el tutor del Máster y necesito descansar.
—¡Oh, sí! Me olvidaba de que al señor, cuando ya está satisfecho, le gusta estar a sus anchas. Está bien, me voy, pero tú te lo pierdes.
—Venga. Te llamo uno de estos días, según como vaya de curro.
—Ummm…no sé…, tu prueba, ya veremos si me encuentras.
—Estarás.
—Eso ya lo veremos.
Me ha dado como mal rollo el golpe de la puerta. En Madrid me bajaría un rato al bar, pero en esta puta City, ya está todo cerrado. Mejor me pierdo con Assasins Creed.
Erin se queda un rato detrás de la puerta. Siempre le cuesta despegarse. Se apoya en la madera como queriendo conservar un poco de calor.
¿Estaré? Sí, seguramente. Me gustas, Marcos. Y contigo no hay peligro. Eres como un buen libro, te da buenos momentos, te acompaña, y cuando te cansas lo cierras y a otra cosa.
Bueno, no tanto, al menos sabes que el libro siempre está ahí, lo tuyo siempre es incierto. Pero, sí, siempre has sido claro: Ese era el trato.
No muy lejos, en el nº de 8 de Cornwall Street, en el mismo distrito de Kensington, Jessica lleva ya un buen rato swipeando por Tinder. Es el único momento suyo en el día. Ya hace rato que se han dormido los niños. Los señores, como siempre, han salido.
La casa está en calma, Jamal la observa desde la otra butaca en la sala de estar del servicio. Al principio la intimidaba su mirada oscura y profunda, su silencio, pero ya se ha acostumbrado.
—Vaya desfile de caretos de guiri. ¡Qué pereza de ingleses!
Tengo algunos likes, pero ni lo intento, ya sé de qué van estos con una española. Nunca me hubiera imaginado lo difícil que es encontrar gente aquí. A ver, aquello de entrar en un pub y, “holiii” y “¿qué te trae por aquí”, y “¿hace una birrita?”, eso aquí ni te lo sueñes. Si no conoces, no hay nada que hacer. Y si tienes pinta de latina, casi que te huyen. No me gusta esta gente tan fría.
A ver…a ver, a ver…¡Qué fuerte!... Marcos, de Madrid, y vive aquí cerca. Mola este tío. Fíjate es psicólogo. Y mira qué bien se lo monta con las palabritas, que si el ser uno mismo…, que si la libertad…, pues ¡toma! Like, no…mejor… Suuuper Like.
Venga, a ver si te enteras Marquitos. Que mañana es mi día free.
¡Toooma!...¡Match!!!
—Hola Marcos. ¡Qué intenso te pones con tus textitos! ¿Qué haces por aquí?
—Pues en plan Master en la London Uni. ¿Y tú?
—Me vine de prácticas en un Erasmus y ahora estoy de Au Pair.
—Y ¿cómo llevas la City?
—Pues ya te digo, lo que viene siendo un mierder, siempre gris, siempre lloviendo y sin pillar peña.
—Sí, es un rollo muy diferente. Y en el curro ¿qué tal?
—Ni tan mal, estoy con los niños, me gusta, es lo mío, y en un megacasoplón. Prácticamente no veo a los señores, ellos son muy importantes y están poco en la casa. Con el resto de la peña del servicio nos llevamos bien.
—¿Te gustan los niños?
—Sí, he hecho la F.P. de Infantil y me gustaría hacer Magisterio, pero de momento no puede ser.
—¿Piensas quedarte mucho tiempo?
—Ni idea, de momento tampoco tengo nada que me motive para volver. En casa las cosas están chungas. Tengo que buscarme la vida. ¿Y tú?
—Bueno, tengo que terminar el Máster, después ya veremos. ¿Conoces el pub The Hansom Cab? Está aquí en Kengsinton, seguro que lo has visto.
—Sí, me suena.
—¿Quieres que quedemos?
—Bueno, mañana es mi día libre.
—Pues, mira, si te apetece hacemos un brunch.
—Vale, nos vemos allí a las 12. Supongo que nos conoceremos.
No hace todavía un año Erin estaba colocando en las estanterías el último pedido que había llegado de la editorial Penguin. Marcos andaba merodeando por el mercadillo de Brick Lane y entró en la librería. Estuvo observándola un buen rato, le llamó la atención el cuidado con el que trataba los libros. Los acariciaba entre sus manos, hojeaba, se detenía a leer algunas páginas y, finalmente, mientras los sujetaba, como para darles calor, les buscaba un lugar, siguiendo alguna pauta que a él se le escapaba. Se sentía de lejos que estaba disfrutando, totalmente ajena al bullicio que llegaba del mercadillo. Le hicieron gracia sus gestos, su forma de desentenderse de todo, su melena pelirroja desordenada, su insólita combinación de sueters, leggins y bufanda, de colores que, en otra persona, chirriarían, pero que en ella no quedaban mal. Vaya tía friki, pensó, pero…mmmm… se le adivina un cuerpazo.
Después de un buen rato, ella se percató de que había alguien observándola.
—Perdón, estaba revisando el pedido. ¿Ha encontrado usted ya lo que buscaba o necesita ayuda? Veo que le interesa la historia de Londres.
Sin darse cuenta andaba hojeando hacía un buen rato un libro que había cogido al azar, mientras la imaginaba.
—Sí, la verdad es que esta ciudad está petada de historia por todos los rincones.
—Pues está en el lugar adecuado, es nuestra especialidad. Si me permite le aconsejaré algo mejor, ese libro está muy centrado en el East End.
Eso hubiera sido todo, o tal vez hubiera vuelto, pero, inesperadamente, se topó con ella en Tinder. Por supuesto hicieron match y se encontraron en el Brew Dog.
Desde entonces es su “pocket connection”.
Sin darse cuenta, mientras espera a Jessica, Marcos está pensando en Erin. Últimamente le pasa. Por un instante siente como una sombra. ¿Una punzada de culpa?
No sé qué mierda es esto.
Pero, mira, mira, mira, esa debe ser Jessica. Bueno, tiene un toquecillo choni, pero está buena, buena. Mola, Marcos, mola.
Ese debe ser Marcos, vaya pintas de pijo gafapasta que se gasta. Pero bueno, Jessi, no está mal el tipo.
—¡Hola! Tu debes ser Marcos ¿No?
—¿Jessica? Ven, siéntate. Mira ya me he adelantado y he pedido el plato especial de la casa. Aquí, a veces, tardan un poco en servir. Es un pelín exótico, espero que te guste.
—Seguro, a mí me gusta probar cosas nuevas.
—Ah… ¿si? Con que eres atrevida… Bien, pues ya coincidimos en algo.
—Pues…Yo no te veo pinta de ser muy atrevido. Se te ve así muy… ¿Cómo te diría? Más bien formal.
—¿Sí? Bueno, igual te sorprendo.
Llega el camarero con los dos espectaculares Jerusalem Breakfast. Los dos se pierden entre los sabores del Labneh, los Halloumi fries y la mermelada de ruibarbo.
Jessica no se ha dado cuenta, pero Jamal hace rato que está sentado en la barra, observándoles. Ella le recuerda a su Zahira, allá en Kenitra, hace tantos años. Le gusta ver cómo disfruta con los niños, cómo se ríen juntos, cómo los cuida. Seguro que sería una buena madre. En alguna ocasión ha intentado acercarse, pero ella parece huir de su mirada y su silencio. Siente como la intimida y le gustaría ser más ligero y alegre, pero ya no recuerda cuando olvidó la alegría.
Le pone enfermo verla colgada del dichoso Tinder en cuanto tiene un rato libre, siempre buscando en ese mundo que a él se la antoja vacío y sin sentido. Tonteando con todos esos capullos. Bueno, tal vez no solo tonteando. Pero eso no quiere ni pensarlo, porque le duele. No puede evitar sentirse responsable de ella, aunque sabe que es absurdo. Le gustaría envolverla en una burbuja para que nada la pudiera dañar.
Observa cómo disfrutan de la comida y se ríen y se miran y cómo salen ya medio entrelazados.
Los sigue de lejos. Los ve entrar en un portal. Nada puede.
Solo le queda esperar, como cada noche, para asegurarse de que ya está en casa.
Jessica, de camino, se toma su tiempo para asimilar el corte de Marcos.
Pues sí que me ha sorprendido, sí, el prisas este. Si no me ha dejado casi tiempo para recuperar el aliento. Que si “no me gusta remolonear mucho después del sexo”, que si “me da bajón”, que si “tengo una cena”, que si “no te importa ¿verdad?” que si “ya nos vemos otro día”, que si…bueno, vamos, que me ha puesto en la puta puerta el tío. El caso es que ha estado bien, me estaba gustando, pero, vaya, este final no me lo esperaba. Y va y me dice “No te preocupes, no es por ti, conmigo siempre es así”. Será gilipollas, si lo mejor es el regustillo de quedarse sopa ahí enredaos. Bueno, pues, ya está Jessica, a otra cosa, pero ¡joder!, “pa” un españolito que me encuentro me sale “contagiao” del frío inglés.
En el salón del servicio se cruza con la mirada de Jamal.
—¡Buenas noches, Jamal! ¿No has salido? Los señores están de viaje ¿No?
—Bueno, he tomado algo en el Hansom Cab y luego he dado una vuelta.
—¿En el Hansom? Vaya ¿Vas mucho por allí?
—Bueno, a veces. Sirven cocina árabe. Te he visto de lejos, pero no he querido molestar.
—Pues no hubiera pasado nada. Tú siempre tan silencioso y tan prudente.
—Parecía que estabas pasándolo bien.
—Sí, no ha estado mal, la comida ahí está genial.
—Tal vez querrías que fuéramos juntos un día.
—¡No me lo puedo creer! ¿Estás intentando quedar conmigo?
Jamal no sabe qué decir. No sabe cómo se ha atrevido. Se queda mudo, mirándola.
—Pues claro que sí, cuando quieras, pero ponte una sonrisa ese día, ¿Vale?
Vaya con el morito. La verdad es que casi me daba miedo. Siempre callado, con esa mirada tan oscura, que parece que te taladra. Siempre cabizbajo, serio. El caso es que es guapo el tío, bueno, incluso diría que mucho. No se pierde nada por quedar un rato, aunque me da un poco de yuyu. No me lo imagino así de buen rollito.
Marcos lleva ya varios días enredado con su historia con Erin. Ya le ha pasado varias veces que se le viene como un fantasma cada vez que está con alguien. Es como un reconcome, como un nubarrón que no le deja disfrutar.
Joder, no sé qué mierda me está pasando. Siempre ha estado todo claro ¿no? Conectados, pero libres. Ese era el pacto: Buenos ratos y buen sexo. Era perfecto. ¿Qué me ha pasado? Porque es cosa mía. Erin es la misma de siempre.
Sí, creo que todo empezó con el mal rollo que pillé después de la maldita visita de mis padres.
Hacía casi dos años que no se habían visto, se suponía que venían a celebrar su cumpleaños. Ya se había imaginado enseñándoles sus rincones secretos de Londres. Pero todo quedó en una carísima comida en el Greenhouse. Como siempre, ellos todo lo arreglan con dinero. Ni siquiera se acercaron a casa, habían reservado en el Savoy: “así no te molestamos, puedes hacer tu vida”. Visitas, compromisos profesionales, ópera, comidas de negocios... Los días se esfumaron, una vez más.
Sí, aquello me dejó muy tocado… y ella estuvo ahí, me ayudó a recoger los pedazos. Sí, eso fue, eso lo complicó todo.
Erin sabe que cuando pasan varios días y no la llama es que algo no anda bien. Cuando se altera su equilibrio, huye, se esconde. Le aterra mostrarse frágil. No puede permitirse necesitar a nadie. Jamás pediría ayuda.
Está acostumbrada a sus vaivenes, a sus miedos, puede que, incluso, le provoquen cierta ternura. Podría quererlo, pero conoce el riesgo: es como un gato: se acerca, ronronea, pero, si intentas sujetarlo, araña.
Y ¡qué se le va a hacer! Le gustan los gatos.
—¿Marcos?
—Sí ¡Hola Erin! Hace días que quería llamarte, pero estoy metido a tope en el TFM. Necesito terminarlo ya y olvidarme.
—Me preguntaba si te apetecería una cenita en el White Hart. ¿Te hace un buen roast-beef?
—Bueno, sí, ¿por qué no? Pero eso: cenita y nos ponemos al día, solo un paréntesis y sigo. ¿Ok?
—¡Vaya! Es nuevo esto de poner hora tope. Pero está bien. ¿Nos vemos allí a las 7?
—Perfecto, a las 7, allí estaré.
Aquel ¡cuando quieras! de Jessica dejó a Jamal descolocado. Se le hacía un mundo volver a decidirse a concretar día y hora. Pero tenía que hacerlo, no podía dejar pasar el momento.
La había notado estos días más apagada, después de aquella cita con el tipo de gafas.
El martes es su día libre. Creo que los señores estarán en Plymouth toda la semana. Así que será el martes.
—Buenas noches Jessica. He reservado mesa en el Hansom Cab para el martes a las 12, he visto que era tu día libre. ¿Sigue en pie lo de venir conmigo?
—¿El martes? Sí, bueno, está bien. Iremos juntos desde aquí ¿no?
¡Vaya! Pues parece que sí que iba en serio. Muy pronto le dije yo a este lo de quedar a comer. No sé si va a ser buena idea.
—¡Hola Erin! ¿Qué hay? Cuántos días sin verte.
—Bueno, veo que te alegras. Me pareció que no te hacía una gran ilusión.
—¿Por qué dices eso? Yo siempre estoy a gusto contigo. Es que, de verdad, estoy muy pillado con el TFM.
—“Excusatio non petita, accusatio manifesta”. Venga, ¿qué quieres cenar? ¿Te apetece el roast beef o prefieres unas salchichas? Están extraordinarias.
—Lo que quieras. A mí lo que de verdad me apetece es una buena cerveza, o, mejor, un rioja, o mejor, las dos cosas. Hoy tengo ganas de desconectar.
—Creí que tenías que volver a trabajar.
—Bueno, ya casi está terminado. Mañana tengo revisión con el tutor y, si no tengo que rectificar nada importante, solo quedará la lectura.
—Vaya, por fin. Me alegro mucho por ti. ¿Ya sabes qué vas a hacer después? ¿Volverás a Madrid?
—¿A Madrid? No, no, ni loco. No soporto estar cerca de mi familia. Bueno, como si eso fuera posible… No sé, no he pensado nada. Todavía me quedan las prácticas en empresa. Después ya veremos.
—Pues, anda, vamos a celebrarlo. ¿Compartimos roast beef y salchichas?
Jessica observa el brillo de los ojos de Jamal, tan negros, tan profundos. Le parecen hermosos. No ha parado de hablar en toda la comida de su pueblo, allá en Marruecos, cerca de Kenitra, de sus padres, de sus tierras, de la alegría de la gente de allí…
La seduce su acento tan dulce. Su tono tan calmado, tan seguro. Su fuerza.
Atrapada por su mirada y su voz, apenas le escucha, apenas se da cuenta de cómo va cerrando un cerco a su alrededor. Pero, de pronto, su pregunta le dispara todas las alarmas.
—Me gustaría tanto mostrarte mi mundo. ¿Vendrías conmigo a Marruecos?
—¿Qué dices? ¿A Marruecos? ¿Contigo? ¡Joder tío! ¿No te parece que vas muy deprisa?
—Pensaba que te habías dado cuenta.
—¿Dado cuenta? ¿De qué?
—De que me preocupo por ti.
—¿Te preocupas? ¿Y eso por qué? ¿Te he pedido yo algo?
—Me gustas, Jessica.
—Mira, tío, no te equivoques. A mí de momento me queda mucho mundo que correr. No quiero ningún rollo serio con nadie.
—¿Prefieres seguir quedando con los gilipollas esos del Tinder?
—¿Sabes? Yo casi como que acabo de estrenarme, ya he tenido bastante de historias chungas y ataduras allá en mi pueblo. No lo echo de menos ni un poco así…
—Llevo mucho tiempo observándote y muchas veces te veo como apagada.
—¿Y qué? A ti tampoco se te ve muy contento que digamos. Yo estoy bien así: trabajo con los niños, ese pedazo de casa que yo no me imaginaba ni en sueños, risas, fiestukis, ya te digo…
—En mi tierra hay un refrán que dice “La paciencia es un árbol de raíz amarga, pero de frutos muy dulces”. Yo sé esperar.
—No te me pongas intenso, por mí no tienes que esperar, cuando quieras nos echamos unas risas, pero, ojo, cuidarme, ya me cuido yo solita. De momento ¿qué tal si disfrutas conmigo de este Brownie Babka?
¡Uuuf, mi cabeza! ¡Coño! ¡Las 9! ¡No llego a la entrevista! Y… ¿esto? No, no, no, ¿qué hace Erin aquí?
—¡Erin, despierta! Parece que nos quedamos dormidos anoche.
—Mmmm… sí… ha estado bien, te dormiste tan a gusto, casi babeabas, no quise despertarte. Ya sabes que por mí me quedaría siempre.
—Ya veo cómo has aprovechado el estado de coma en que llegué anoche.
—¿Y qué? Dime que no has dormido bien y no te creeré.
—No, no es eso, pero ya sabes… me gusta tener mi espacio.
—Oh, sí, tu precioso espacio. ¡Como si no tuvieras el mundo entero para perderte!
—Me tengo que ir, ya hablamos.
Este rollo con Erin está rozando mis límites. ¡Se quedaría siempre! Y…, lo peor, yo ¡dejándome llevar!
Todo ha ido bien con el tutor. Solo tendrá que hacer unas pequeñas correcciones y detallar mejor la bibliografía. Solo un mes para la lectura. Repasa la lista de empresas de prácticas: Europa descartada.
A ver: Oportunidad para participar en diferentes programas de liderazgo: Shenzhen.
¿Dónde coño estará esto? Veamos: “Ciudad situada en la costa sur de la provincia de Cantón, considerada el “Silicon Valley” de China.”
¿China? Uf, me da un poco de vértigo, pero… ¿Por qué no?
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