EL PEREGRINO
TAREA: Trabajamos los géneros. Elegir un genero y escribir un relato siguiendo las claves.
Elijo género negro.
Le costó realizar que aquello era la melodía del móvil y salir del sopor en que se había sumergido a la vuelta de la timba del bar de Iratxe, su refugio desde lo de Maitane.
Apenas logró emitir un gruñido indescifrable.
—Huummm…¿Coooñño passaaa?
—¿Comisario Garmendia?
—No ssstoyg..
—Comisario, tiene usted que venir, esta mañana nos han avisado unos peregrinos de que se veía un cuerpo medio sumergido bajo el puente. Nosotros ya estamos aquí, parece que sigue una pauta parecida a la de los últimos casos.
—¡Kabenzotz! Ahí me tenéis, pues, no tardo.
Puente la Reina había amanecido velado por la niebla, pero ya se adivinaban los primeros rayos de sol. El fresco de la mañana terminó de despertarle. Antes de llegar al puente se detuvo un momento para llenarse los pulmones de ese aire recién estrenado.
—¡Egunon! Vamos a ver que nos ha dejado aquí ese hijo de la gran puta.
—Una lástima, comisario. Es un chaval joven, no parece tener mucho más de veinte años, como los anteriores. Estaba desnudo y toda su ropa quemada al lado.
Garmendia levantó la sábana con la que habían cubierto el cuerpo mientras llegaba el juez.
—¿No habréis tocado nada?
—No solo lo hemos cubierto, por respeto. Por aquí pasa tanta gente.
El joven tenía la cabeza cubierta con un plástico que, sin duda, le provocó la muerte por asfixia y un corte limpio en la yugular, sin una gota de sangre. Tenía grabado en el pecho el logotipo del Camino de Santiago, la flecha señalando hacia el oeste y un número: esta vez el 6.
—Parece que se ha roto el orden ascendente. Teníamos el 3 en Larrasoaña, el 5 en Puente la Reina, el 9 en Nájera, el 12 en San Juan de Ortega y ahora ¿El 6? ¿En Estella?. Estaba claro que eran puntos de llegada y salida de diferentes etapas del Camino, pero ahora, es como si hubiera hecho marcha atrás.
—Están tardando los de la forense.
—Vamos Larralde, tampoco esperemos gran cosa. Estará todo limpio, como las otras veces. Ya hemos visto lo que hay. Para cualquier cosa estaremos en comisaría.
¡Ay! Andoni Garmendia, bien que vienes a mí a buscar cobijo, pero siempre me lo dejaste claro: nadie después de ella, no has tenido suerte Iratxe. En fin, si no descubrís el juego después de esta jugada tendré que pensar que, después de todo, no estás a mi altura. Mira que te llevo bien observado en las timbas y en el mus no tienes rival. Y sabía que el caso sería tuyo, eres el mejor por aquí. Pero, para empezar, te ciega el machismo, va y me llamas “el Peregrino”. Hasta el mal es un privilegio masculino. No quisiera perderme tu carita cuando descubras con qué están hechas esas morcillas al estilo de Beasaín que tanto te gustan, o la sopa negra con menudillos, o ese plato sueco que descubrí en una receta del Internet: Blodplattar, tu favorito, Andoni, sí, esas tortitas de mousse con arándanos que tanto me reclamas, que por qué no lo hago más veces, pues, me dices… Es mi mejor regalo, especial para ti: la esencia de un espíritu puro, bello, inocente.
Aunque tiene un hermoso ventanal con vistas al río, Garmendia prefiere la sensación de cueva oscura, sobre todo cuando tiene que enfrentarse a un desafío como el que se lleva entre manos con el “Peregrino”. Sumergido en aquel tufo espeso y húmedo de años de nicotina reconcentrada, se abandona al hilo de sus pensamientos repasando una y mil veces los detalles del tapiz de imágenes que cubre sus paredes.
Ainhoa Larralde le acompaña a regañadientes. Pero sabe que es un privilegio entrar en su Sancta Sanctorum.
—Ese número 6…estoy seguro de que en este salto atrás está la clave. Veamos… se mantiene siempre el tipo de víctima, siempre un peregrino, joven, alto…Por ahí no hay nada más. Repasemos… las señales: la concha de Santiago, el número, la flecha...todo igual…
—Espere comisario, mire aquí en el ordenador, ampliando la foto de Puente la Reina aparecen como unos arañazos, como tres líneas formando un haz, que se repiten casi idénticos en el de Nájera.
—Sí, parece que siguen un mismo código, no le habíamos dado importancia, es normal después de una refriega que aparezcan arañazos. Veamos si hay alguna otra coincidencia entre el 5 y el 9.
—Los dos aparecieron en Iglesias, la del Crucifijo y el Monasterio de Santa María la Real.
— Y los dos últimos en puentes: En San Juan de Ortega y ahora en Nájera… no quiero bromear pero lo primero que me ha venido es aquello de… “de puente a puente y tiro porque me lleva la corriente”…
—Normal, todos hemos jugado a la oca y te viene la cantinela.
—¡La oca! ¡la oca! ¿Cómo no se nos ha ocurrido antes? El muy canalla está jugando con nosotros una partida a la oca. ¡Corre, busca un tablero! Ahí mismo en Internet…
—Fíjese Comisario: Aquí, en esta página de Xacopedia: El juego de la Oca: Guía simbólica y encriptada del camino de Santiago.
—¿Cómo no lo he pensado antes? Si lo sabía, pero hasta ahora era solo una progresión sin sentido. Por fin nos ha dado la clave.
—Aquí está, mire, las ocas, la pata de oca, las señales de los canteros, los tres arañazos, el 5 y el 9: de oca a oca, el 12 y el 6: de puente a puente.
—¿Y ahora qué? Puede ser cualquier sitio, entre el 7 y el 12, o el 19, si juega con dos dados. Imposible poner vigilancia, podemos reforzar en puentes y monasterios, pero ¿Cuándo? Cualquier día, cualquier hora.
—Las jugadas anteriores son todas de números bajos. Creo que está jugando con un solo dado. Así que tenemos del 7 al 12: una posible oca y un puente. Eso nos permitiría predecir la siguiente localización.
—¿De verdad solo nos queda esperar la próxima jugada?
—No tenemos ni un dato que nos pudiera indicar algo del asesino. Es escrupuloso, no deja rastro, no especialmente cruel, los debe seguir, puede que incluso acompañar, hasta un descanso en el camino, incluso sugerirlo y pillarles totalmente por sorpresa, nunca hay señales de violencia.
—Hay tanta gente en el camino que va y viene, cada uno con diferentes pelajes, que es imposible encontrar algo extraño, distinto, peculiar.
— Joder, más que la oca esto parece la gallina ciega.
¡Un 3! Has tenido suerte, Andoni, vamos al 9, la oca, de nuevo en Nájera. Y, después, de oca a oca: El 14, Castrojeriz. Ojalá esta vez me estés esperando en los arcos de San Antón. No hubiera podido imaginar un lugar más mágico y bello para encontrarme contigo.
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