EL “CIEGO”
TAREA: Escribir un relato que suceda en un pasillo, con sus tres planos:
1-donde está situado el edificio que lo contiene, que sería la social, la geográfica-histórica, el plano desenfocado.
Antes de salir le gustaba quedarse un momento mirando de frente al profesor con una media sonrisa. Sabía que podía exasperar al más paciente. Pero disfrutaba especialmente con el “farola”. Debía tocarle alguna fibra especial porque se le encendían los ojos, se le quebraba la voz y le temblaba la mano cuando le señalaba la puerta.
Llegar tarde era la estrategia más sencilla, aunque solo aplicable en las primeras horas. Para el resto tenía un amplio repertorio que le permitía eludir la turra. Sabía bien cómo sacar de quicio a cada profe. Aunque, con algunos, no tenía que esforzarse mucho, su sola presencia lograba inquietarlos de tal forma que cualquier suceso en la clase terminaba irremediablemente con su expulsión.
—Hola, Sergio. Hoy está de guardia el “topo”, seguro que le cuelgan una “susti” y si no andará por ahí “perdío”, no tendrá ganas de encontrarnos, es un “cangui”.
—¿Tienes un peta?
—¿Tú de qué vas tío?¿Siempre de patilla?
—No, tío, que no. Ahora mismo te consigo yo una pasta. Mira, los de 3º C están abajo “tos mataos” con la gimnasia y la ventana está abierta. Algún pardillo se ha “dejao” la mochila.
Voy a echar un ojo.
—¿Y qué? ¿Qué van a tener, ahí, eh? ¿dos euros “pa” el bocata?
—No tío, el móvil, la “calcu”, algo, no sé. Luego lo colocamos en la Avenida y punto. Conozco yo a un tipo legal que me hace de intermediario.
—Como quieras, pero conmigo no cuentes, yo no sé nada. Me pierdo.
—Al menos podías vigilar, allí, por los despachos, me das un toque. Y, si pillo algo, nos hacemos un peta. ¿Ok? Mañana te doy la pasta.
—Venga, pero estás un poco plomo ¿eh? y date prisa que se pasa la hora.
Sergio estaba tardando más de la cuenta, ya se escuchaba la bulla del cambio de clase. El chino se acercó a ver qué pasaba. Se aupó hasta la ventana.
—¡Sergio! ¿Qué coño haces? ¡Que ahora mismo ya están aquí!
—Ya voy, Chino. ¡Lo tengo! ¡Tengo un chollazo! Venga, vamos al “ciego”.
Al final del pasillo arrancaba la escalera que subía a las terrazas. Detrás dejaba un hueco que habían bautizado así, tanto porque no era visible, como por la utilidad que habían coincidido ya varias generaciones en darle.
—Mira, bueno, he “pillao” cuatro chorradas. A ver… 17 euros en total, una “calcu”, un lorillo Bluetooth, pero…fíjate… en la mesa de los profes estaba la carpeta de Encarna, la de Física, y ¡llevaba los exámenes! Mira… “fotaza” del A y “fotaza” del B.
—¡Joder tío! ¿Cuánto vas a pedir?
—Como mínimo 20 pavos ¿No crees? ¡Ja, ja, ja! “Pa” un montón de “petas”.
—Sí, pero será otro rato, porque ya salen.
—Vale, yo ahora me voy a Tecnología, es lo único que mola. Daniel se enrolla a tope, nos está enseñando a programar y montar un robot con el móvil. En eso soy bueno ¿Sabes? Él me lo ha dicho.
—¡Bua! Yo tengo Lengua, ni te cuento, no aguanto ni 10 minutos a esa tía. Ya, solo como me mira, se me tuerce “to”, me reboto. El otro día me pilló un papel que me había escrito yo de rimas, ya sabes “pal” rapeo, y, tío, me lo devolvió que parecía el domingo sangriento, “to tachao” de rojo, con rabia la tía ¿sabes? ¡Como si me importara a mí la puta ortografía! Así que paso “d’ella” ¡que le den! A las 9 y 10, pasillo, ¡Fijo!
—Vale pues nos vemos en el “ciego” a la hora del patio. Hay que pensar bien lo de Física “pa” que no nos tanguen.
— Mira, déjame el altavocillo, igual salen también el Gato y esa pibita de 2º, la Shaila, y montamos “fiestuqui guai”.
—Toma, y ¡me debes una!
—¡Me han revuelto la mochila! ¡Me falta lo del almuerzo!
—¡La mía también! Y… ¡Joder! Se han llevado mi altavoz Bluetooth.
—¡Encarna! ¡Alguien ha entrado a robar en la clase mientras estábamos abajo!
—¿Estáis seguros?
—No veas, se han llevado mi calculadora, ¡Ostia! en casa me matan. Era de las buenas.
—Está bien, está bien. Preguntaremos al profesor de guardia.
—Pues vaya mierda de guardia, no sé para qué sirve si no os enteráis de nada, seguro que le ha “tocao” al Topo.
—A ver, Andrés, un poco de respeto.
—Yo esta mañana he visto por el pasillo al Chino. Seguro que ha sido él.
—No acuséis a nadie sin estar seguros.
—Pues ¿quién va a ser?, el Chino o Sergio o el Gato, los putos amos del pasillo. Todos lo sabemos.
—Por ahí viene el Jefe de Estudios.
—¿Qué está pasando aquí? ¿A qué viene este barullo?
—¡Nos han robado!
—Sí, Eduardo, parece que han estado revolviendo las mochilas y se han llevado algunas cosas. Dicen que han visto al Chino por el pasillo. Pero, bueno, ya sabemos que siempre se lo cargan todo a él. ¿Qué podemos hacer?
—Ya me ocupo yo. Seguid con la clase.
—¡Hey, Gato! ¿Has visto al Chino?
—Me ha “dao recao” “pa” ti. Que ni se te ocurra acercarte. Los vainas de 3º C “l’han” “echao” la culpa y “l’ha” “pillao” el Eduardo con el loro y, lo peor, con los petas. Le van a dar vacaciones “pa” una temporada. Pero, que no “t’agobies”, que no ha “cantao na” de ti.
—¡Joder, vaya mierda!
—Me ha dicho que igual ya no vuelve. Que se va a buscar la vida, que el mes que viene cumple 16 y ya “s’ha cansao” de perder el tiempo.
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