MINIRRELATOS

 

SIN RETORNO

Ya no conseguía recordar la razón de aquel enclaustramiento. Cerraba los ojos e intentaba soñar el mundo que había conocido, tratando de atrapar cada detalle para no olvidarlo: Aquel amanecer en el valle sobre un mar de nubes, el intenso olor del mar, el fresco de la brisa sobre la piel ardiente, aquel aria vibrante, el contacto de su piel, aquella risa franca y clara.

El repartidor que la mantenía abastecida le advirtió de que ya se podía salir. Tuvo miedo, dudó. Por fin rebuscó en el armario y trató de ponerse presentable para la ocasión. Salió despacio, con cautela. Todo le resultó extraño, frío, vacío, ajeno. Prefirió perderse en la realidad soñada.

 

 

AUSENCIA JUSTIFICADA

La culpa venía a visitarle cada mañana pero siempre encontraba una nueva razón para esquivarla. Tenía un excelente repertorio de argumentos que justificaba su ausencia. Incluso podía imaginar las mezquinas razones que se escondían detrás de esos otros que parecían ocuparse tan solícitamente de su padre. Llegaba a encontrar motivos para indignarse por esa interesada presencia. ¡Cómo se atrevían a suplantarle de esa forma! Le pilló a contrapié la noticia del fatal desenlace. Nunca logró perdonarle que se marchase tan pronto y ¡sin avisarle!

 

 

DES-ALMADA

Tengo un alma volátil. Cuando me descuido se esfuma y la pierdo de vista. En más de una ocasión he tenido que ir a buscarla. Igual la encuentro encandilada con los seres espectrales de una sima marina o intentando descifrar los secretos de la escritura de los druidas, a veces, simplemente, girando en el más absoluto vacío. Intenté sujetarla usando las rutinas como cuerdas de viento, enseñarle cómo debe comportarse un alma sensata y productiva, pero la vi enturbiarse, volverse pesada, gris, viscosa, incluso hostil. Tuve que dejarla ir. Ahora ya solo en contadas ocasiones vuelve a encontrarse conmigo.

 

 

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