HERMOSO FÉNIX

TAREA: Crear un relato alrededor de un objeto. En este caso será un tintero. Desde él se formará la trama, la relación entre personajes, pero no ha de estar presente siempre, ni ser anecdótico.

 

Me llamo Xiao Yun que significa “pequeña nube”. Me llamaron así porque era tan pequeña y ligera que parecía que pudiera flotar en el aire. Me gustaba trotar debajo de los cerezos en flor y esparcir al viento sus pétalos blancos, escuchar a los gorriones y asustar a los patos cuando me bañaba en el remanso del río.

Pero eso era antes. Ahora me he ganado el derecho a entrar en el mundo de las mujeres. Ahora he visto transformarse mis pies en pequeños lotos dorados.

Había oído hablar del dolor que producían esas vendas, pero quedaba siempre empequeñecido por el orgullo y las oportunidades que se abrían en tu vida. Durante estos largos meses de sufrimiento, no lograba encontrar nada lo suficientemente bueno para justificarlo.

Solo lograba calmarme al contemplar a mi abuela dibujando aquellos trazos que parecían caer, unas veces como pétalos de flores o como gotas de lluvia en primavera, otras veces como lágrimas que acompañaban a las mías.

En esas interminables horas de sufrimiento he ido aprendiendo el secreto significado de los poemas que me cantaba dulcemente mientras acariciaba mis pies doloridos y distraer mi pensamiento aprendiendo todos aquellos caracteres misteriosos que brotaban de sus manos.

Mi abuela, Mei Feng, “Hermoso Fénix”, es muy respetada entre las mujeres de Chengxia. Conoce bien todos los signos de la escritura Nu Shu y se dice que sus trazos son los más bellos del condado.

Ahora ya puedo acompañarla a las reuniones de bordado de las mujeres de la aldea. Le llevo, con sumo cuidado, su caja forrada de seda bordada donde guarda los útiles de escritura: Sus pinceles de pelo, las barras y la piedra de tinta, y el tintero de porcelana que ha pertenecido a las mujeres de la familia desde tiempo inmemorial.

Son los únicos momentos de felicidad que se me permiten desde que tengo que pasar los días en el cuarto de las mujeres.

Voy aprendiendo sus poemas y canciones, a veces incluso me atrevo a improvisar alguna. Por unas horas puedo reír y también llorar con ellas.

Bordamos mensajes en cenefas de colores o los pintamos en abanicos para intercambiarlos entre nosotras. En las largas horas del tedio cotidiano, nos recuerdan que no estamos solas.

Les gusta que Mei Feng les escriba en sus “Libros del Tercer Día” los acontecimientos más importantes de sus pequeñas vidas.

Me siento importante porque ella me ha elegido para enseñarme todos los secretos de su arte. Pero  tengo que darme prisa. Mi padre ya anda negociando con la casamentera para buscarme un buen marido. Posiblemente tenga que marcharme lejos y no vuelva a ver a mi familia.

Siento que es lo único auténticamente mío que podré llevar conmigo.

He aprendido a elaborar la tinta recogiendo el hollín del wok y conseguir la textura perfecta para que los trazos fluyan, y me esmero cada día en imitar su elegante estilo.

Esta mañana hemos recibido la visita inesperada de la casamentera, toda la casa se ha conmocionado de alegría al recibir la gran noticia: Un rico terrateniente de la capital del condado me ha elegido como esposa para su hijo.

Todos parecen exultantes menos yo. No quiero abandonar este pequeño mundo mío. No quiero vivir en un lugar extraño, con gente desconocida. Me los imagino a todos orgullosos, huraños y mal encarados.

Mi madre me asegura que es un hombre muy joven y de aspecto agradable, pero yo no encuentro consuelo.

Me dejo llevar por los preparativos sin ninguna ilusión, observo a mi madre y mis hermanas hacer y deshacer a su antojo.

Llegan los consabidos regalos y la carta de compromiso, me conozco bien todo el protocolo, lo viví con mi hermana mayor.

Hoy es la víspera de la boda. Encuentro a mi abuela sentada a los pies de mi cama. Me entrega su caja de seda bordada, está todo lo necesario: los pinceles, las barras y la caja de tinta, varios rollos de papel y un tintero nuevo de cobre.

Solo echo a faltar el viejo tintero de porcelana y su pincel de crin de caballo. La miro interrogante. Ella sonríe y me abraza dulcemente.

—Cada cosa a su tiempo Pequeña Nube.

Vienen a buscarme para la ceremonia. Me suben en un palanquín hasta un carromato en el que me espera un largo viaje sin retorno. No necesito fingir el llanto como sé que hacen otras novias.

Han pasado ya tres años de aquella despedida. Ha sido difícil, pero no tanto como temía. He tenido suerte de verdad.

Aunque he extrañado sobre todo a mi abuela y a mis amigas, Shaiming, “Luz del sol”, ha resultado ser un esposo tranquilo y agradable, que me ha tratado siempre con respeto.

Ha sido más difícil con mi suegra y mis cuñadas, pero  la llegada de nuestro hijo Yongxiang, El que trae la buena suerte, ha llenado la casa de alegría y ha calmado todos los recelos.

Gracias a mi habilidad con el Nu Shu he conseguido hacerme un lugar en las reuniones de bordado y voy tejiendo poco a poco buena amistad.

Esta mañana ha llegado un mensajero con un paquete para mí procedente de Chengxiá.

Lo he abierto despacio, segura de que no traía buenas noticias. Dentro había una pequeña caja envuelta en un precioso chal bordado con conocidos poemas. En la caja estaba el antiguo tintero de porcelana y el preciado pincel de crin de caballo de mi abuela.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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