LA VIDA “HAPPY”
TAREA: Crear un relato con, al menos, tres protagonistas que se vayan pasando el relevo, utilizando enfoques distintos para dar información.
A Jero no le ha venido mal del
todo la pandemia. Su bar “El olivo” era, desde que lo abrió su padre, allá por
los 70, una institución en el barrio del Cristo. Pero hacía tiempo que estaba
necesitando un lavado de cara. Él no estaba preocupado. Sabía que tenía
clientela segura en cuanto subiera la persiana. Pensó que con la que estaba
cayendo vendría bien un poco de luz y de alegría. Así que le había dado un aire
minimalista, claro, luminoso y espacioso. Y, por supuesto le había cambiado el
nombre. Un letrero sencillo de luz blanca lo anunciaba: “Happy”.
Estaba ansioso por ver cómo caía
en el barrio el nuevo look. En cuanto pudo inauguró la terraza invitando a una
ronda a sus parroquianos de toda la vida.
Hubo división de opiniones,
algunos preferían su bar de siempre, pero no rompieron por eso su costumbre.
Por supuesto había instalado WiFi
gratis y, así, sobre todo por las tardes, igual había partida de dominó que
algunos chavales compartiendo Tik-Tok.
—Ponme una caña, Jero.
—Vaya careto que te traes hoy,
Alex.
—A mi empresa se le acaba el
contrato con la Ford y van a cerrar.
—¡Joder tío!¡Qué putada!
—Por mí, mira, es una más, solo
llevaba 6 meses, tampoco te creas que me había hecho muchas ilusiones. Otra vez
al paro. Todavía no he pillado un año seguido en ningún sitio. Pero hay gente
que lleva allí muchos años.
—Tienes a la Jessi preñadita ¿no?
—Ella, de momento, tiene faena en
Zara, aunque no sé si le renovarán dentro de dos meses que ya estará gorda.
—Y ¿qué vas a hacer?
—Pues, como siempre, a lo que
salga. Hay que tirar p’alante. “La vida happy, la vida mejor” ¿No es ese el
lema de tu bar? Pues yo no pienso comerme el tarro.
Emeterio lleva ya un buen rato escuchando
y dándole vueltas a su carajillo.
—¡Para ya que lo vas a marear!
—¡Ey! usted si que está ya
tranquilo, ahí de jubilata.
—¿Tranquilo? A ver si te crees tú
que la jubilación me ha caído del cielo. Pues no ha costado años de lucha
conseguir todo lo que se os está escapando de las manos. Enfermo me pongo de
oíros, mi nieto igual que tú. Vais cada uno a la vuestra y así nos va a todos.
Os tienen la cabeza llena de “tontás” y, mientras, os quitan el queso de la
boca, como al cuervo. Los trabajadores no nos podemos encantar. En mi tiempo no
se habrían atrevido, les habríamos montado un pedazo de huelga que hubiera
paralizado el sector.
—Usted lo ha dicho, en su tiempo.
—Desde que el mundo es mundo, solo
hay una manera de parar el ansia de rapiña.
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