YA NO HACE FALTA (GUIÓN)
TAREA: A partir de uno de nuestros relatos escribir el guión para un cortometraje, siguiendo las pautas de escritura de guiones.
YA NO HACE FALTA
Por
Julia
Huedo Berenguer
1.-EXT. CAMINO - AMANECER.
Aparece sobreimpreso: Andalucía 1942.
GABRIEL, 17 años, alto, moreno, ojos
negros y brillantes, sale del pueblo acurrucado sobre su borriquillo y toma el
camino. Viste una zamarra, un gorro de
piel y unas abarcas atadas sobre calcetines muy gruesos de lana. Todo ello con
aspecto muy usado.
El camino serpentea entre pequeñas
huertas a la salida del pueblo. No muy lejos una fila de chopos lo bordea junto
a un arroyo, detrás una pequeña loma y unas rocas. Al fondo se extienden los
campos de olivos.
La escarcha cubre las hierbas de las
veras. Una bruma ligera se levanta sobre los campos. Sopla el viento.
QUILLO, su perro pastor, un “mil
leches” blanco y negro, inquieto, con mirada viva.
Va correteando alrededor del
borriquillo.
Gabriel se arrebuja con la manta. De
vez en cuando se incorpora para dar un vistazo hacia atrás y le da un tiento a
la vieja escopeta de caza de su padre que sobresale de las alforjas.
2.-EXT. CAMINO - AMANECER.
Al acercarse a la arboleda Quillo se
para, planta las orejas y se queda clavado, en alerta.
Gabriel, alertado por el perro, coge
la escopeta y se incorpora mirando en la misma dirección.
RUIDO DE DISPARO DE BALA.
Gabriel cae del borriquillo y queda
tendido boca arriba en el suelo. Tiene un agujero de bala en el centro de la
frente, la sangre le cubre la cara.
FUNDIDO EN NEGRO
3.- INT. DESPACHO - DÍA
D. RUFINO está sentado en su
despacho revisando papeles. Es un hombre de unos 50 años, de mediana estatura,
un poco grueso, con el pelo entrecano, peinado hacia atrás con entradas, ojos
oscuros, cejas espesas, manos y piel bien cuidada. Lleva gafas para leer. Viste
camisa blanca, pantalón con tirantes y chaleco. Botas camperas negras bien
lustradas.
El despacho está decorado con mueble
castellano antiguo en madera de roble tallada. Desde el ventanal se entrevé el
patio interior del cortijo. En la pared una copia del “Buen pastor” de Murillo.
REMEDIOS llama a la puerta. Es una mujer de unos 45 años, morena, de
mediana estatura, delgada con el pelo recogido en un moño bajo, la cara
despejada, los ojos negros y brillantes. Viste falda, blusa, medias, zapatillas
y toquilla negra y un delantal blanco.
REMEDIOS:
¿Da usted su permiso D. Rufino?
D.
RUFINO:
Pasa, pasa, Remedios.
(Remedios entra en el despacho
tímidamente y se queda en pie detrás de las sillas.)
D. RUFINO
Siéntate, mujer, y ve diciendo que yo te escucho mientras repaso
cuentas.
(Remedios aparta con cuidado la silla
y se sienta apenas en el borde. Al principio mantiene la cabeza agachada, le
cuesta mirar a los ojos al patrón, pero, poco a poco, a lo largo de la
conversación va levantando la frente y el tono.)
(D. Rufino sigue mirando los papeles
mientras ella le habla. Conforme Remedios va subiendo el tono él va dejando los
papeles y la mira.)
REMEDIOS:
Perdone la molestia D. Rufino, pero es por mi
Gabriel. Es un niño todavía y me lo tienen ya casi dos años en prisión. En La
Ranilla me lo tienen, que no sabe usted lo que me supone a mí para ir a verle.
D. RUFINO:
Algo habrá hecho, Remedios. Que ni él ni su padre eran mucho de misa y
todos los hemos visto arriba y abajo con los de la CNT. Y no andaba muy lejos cuando
en el 32 me ocuparon las tierras.
(Remedios levanta la cabeza y mira de frente a D.
Rufino. Al principio de la frase levanta el tono, después va bajando,
expresando su pesar por la situación de Gabriel.)
REMEDIOS:
Solo tenía 16 años cuando vio como fusilaban a
su padre y lo echaban a la fosa. Solo se le iba la boca de rabia. Mi Gabriel no se ha
manchado las manos, D Rufino, ni mi Eulogio tampoco, todo sea dicho, y de sobra
hemos pagado ya ¿No le parece? No sabe cómo me lo tienen, no lo conocería; rapado
y en un puro hueso. Cada día más oscuro y lleno de mataduras.
(D. Rufino, levanta la vista y se quita las gafas.)
D. RUFINO
¿Has hablado con D. Hipólito? Igual él puede hablar con el cura de la
prisión, que ya sabes que tienen mucha mano. A ver si te lo puede recomendar.
(Remedios esboza una media sonrisa amarga y vuelve
a subir el tono, más exigente.)
REMEDIOS:
D. Hipólito se me salta cuando voy a comulgar, ni me quiere dar el
perdón en el confesionario. No, él no nos va a ayudar. Desde lo del convento de
su hermana no hay nadie que odie más a los rojos en toda la contornada. Usted
conoce a toda la gente importante de Sevilla, seguro que puede hacer algo.
D. RUFINO:
¡Ay! Remedios, no te creas que es tan fácil, y ya
sabes…todos los favores se tienen que devolver.
(Remedios se pone en
pie con un gesto de despecho. Se dirige a D. Rufino con firmeza. Él se incorpora
y la mira extrañado.)
REMEDIOS:
D. Rufino, cada vez que me acerco a La Ranilla, creo que el corazón se
me sale del pecho, esperando ese “ya no hace falta”.
Así que lo que usted diga.
(Remedios sale del
despacho mientras D. Rufino se pone en pie y continúa hablándole con un tono de
fastidio.)
D. RUFINO
Espera,
Remedios, … No te vayas así, haré lo que esté en mi mano.
FUNDIDO EN BLANCO.
4.-EXT.
DEHESAS - DÍA.
Gabriel se
va acercando a la dehesa con su borrico. Al dar la vuelta a un recodo, se abre
una extensión llana con algunas encinas, arbustos y hierba. Un rebaño de ovejas
pasta libremente.
El PASTOR
descansa sentado en una piedra debajo de una encina, apoyado en el cayado. Es
un hombre mayor, de unos 60 años, de complexión robusta, aunque ya encorvado,
con el pelo ralo y blanco y la piel curtida por el sol. Lleva una zamarra, un
pantalón viejo y parcheado de color pardo indefinido y unas abarcas.
TROTE DE BORRIQUILLO
Y LADRIDOS.
El pastor
levanta los ojos, oscuros, casi hundidos entre los pliegues de los párpados, y
mira hacia el camino.
Gabriel le
saluda desde lejos.
5.-EXT.
DEHESAS - DÍA.
Gabriel desmonta
de un salto y se dirige al pastor.
GABRIEL
¡Buen día!
(El tono
de Gabriel es alegre y lleno de energía. El pastor le responde con cierto
fastidio.)
PASTOR
Bueno parece, hasta ahora.
GABRIEL
Vengo “pa” lo del recuento, ya sabe, lo del censo de la
Diputación. Estas son las ovejas de D. Rufino ¿No?
PASTOR
“Toas” ellas, desde la linde de arriba hasta el arroyo. Yo te lo
digo, que no tengas que “contalas”: 457 con las que han “nasío” en marzo.
“Pues” fiarte, yo no me descuento.
(Gabriel sonríe.)
GABRIEL
Sí, me fio, pero es mi faena.
PASTOR
Pues, arrea, ya “pues” empezar, ojo con el chucho, no me las
soliviante.
6.-EXT.
DEHESAS - DÍA.
Gabriel sube hasta la linde y va
contando cabezas. Quillo le acompaña correteando y le ayuda a ir apartándolas.
De vez en cuando se detiene y levanta
la vista hacia el horizonte. Respira profundamente.
Acaricia a los chotillos recién
nacidos.
7.-EXT.
DEHESAS - DÍA.
Gabriel, ya de vuelta, vuelve a hablar
con el pastor.
GABRIEL
Ni una “s’ha descontao”: 457.
PASTOR
“Pa” otra vez “t’ajorras” la faena.
Se dirige al borriquillo, saca su
cuaderno de las alforjas y se apoya en el lomo para escribir.
Busca la entrada de D. Rufino. Lee:
223. Se rasca la cabeza. Vuelve a repasar: 223. Se lleva la mano a la frente.
Mira al pastor, calla. Vuelve a montar en el borrico.
GABRIEL
Que siga bueno el día.
(El tono de Gabriel, ahora, es seco.)
PASTOR
Con Dios.
Gabriel emprende el camino de vuelta.
En silencio. La cabeza agachada. Hasta Quillo le sigue en silencio con el rabo
entre piernas.
FUNDIDO EN NEGRO
8.- INT. COCINA - NOCHE.
Gabriel está sentado en la cocina, en
una de las sillas de enea, junto a la chimenea, se apoya en la mesa de madera
tosca y remueve el fuego con el atizador, en silencio, cabizbajo, con la mirada
fija en las brasas.
Mientras Remedios trajina con la cena
y no le quita ojo. Enciende la vieja cocina de leña y prepara las patatas en el
banco de piedra.
Sobre la chimenea hay una foto de la
boda de Remedios con Eulogio y un reloj de péndulo antiguo.
TIC-TAC DEL RELOJ
REMEDIOS
¿Qué pasa Gabrielillo?
GABRIEL
“Na” madre, solo estoy “cansao”
REMEDIOS
Algo te pasa, que a mí no me puedes engañar.
(Gabriel levanta el tono.)
GABRIEL
Pues que no me cuadran las cuentas de D. Rufino. Me salen más del
doble de ovejas de las que “tie declarás”.
(Remedios se muestra indignada y
preocupada.)
REMEDIOS
¡Malditos sean estos señoritos! Nunca tienen bastante, todo es
poco “pa” ellos.
Pero le debemos mucho, no puedes denunciarlo así, sin más. Además,
no te lo perdonaría. Mañana sin falta vas a explicarte con él y que te diga cómo
se arregla esto.
FUNDIDO EN BLANCO
9. INT. PATIO - DÍA.
D. Rufino está sentado en una de las
butacas de mimbre del patio, leyendo el periódico y tomando un vermú.
Es un patio luminoso, rodeado de
soportales. Por las columnas trepan buganvillas y jazmines. En el centro una
fuente con un surtidor. Alrededor de la fuente hay varios naranjos y cientos de
macetas con geranios, begonias, calas.
Gabriel aparece por la puerta del
salón, por detrás de la butaca de D. Rufino y se queda allí plantado, sin decidirse
a entrar, dándole vueltas al gorro con las manos.
Se queda allí hasta que D. Rufino
levanta la vista y le saluda.
D. RUFINO
¡Hombre Gabrielillo! Pasa, pasa y siéntate. Mira, ¿te apetece un
vermutito?
(D. Rufino se dirige a él con un tono amistoso.)
(Gabriel se acerca, pero no se sienta,
se queda apoyado en el respaldo de una silla. Se muestra temeroso, pero seco y
cortante.)
GABRIEL
No, gracias, D. Rufino. Yo solo bebo un poco de vino en la comida.
D. RUFINO
Está bien, como quieras. Dime, ¿qué te trae por aquí?
GABRIEL
D. Rufino, no me salen las cuentas con sus animales. Igual
ha habido algún error. Vea si puede usted hacer algo antes de que yo termine el
recuento, porque ya sabe que tengo que dar fe de lo que veo.
(D. Rufino tira el
periódico con rabia sobre la mesa, se pone en pie y le grita.)
D.
RUFINO
No me toques los cojones, Gabrielito, que no te he de
explicar a quién le debes tu pellejo.
(Gabriel mantiene firme
el tono y la mirada.)
GABRIEL
De sobra sé lo que le debo y ya sabe que puede disponer de
mí para lo que necesite, pero este es el trabajo que precisamente usted me
facilitó y yo tengo que cumplir con la verdad. Por eso he venido a advertirle,
para que pudiera solucionarlo a tiempo.
(D. Rufino se abalanza
sobre Gabriel, le sujeta por el cuello de la zamarra y le zarandea mientras le
grita. Gabriel recula e intenta frenarle con las manos.)
D.
RUFINO
A ver ¿Por qué te crees que tienes ese lujo de trabajo?
¿Porque te lo has merecido? Ver, oír y cerrar esa roída boca. ¿No has tenido
bastante por largar lo que no debías?
GABRIEL
Lo siento, pero yo tengo que informar de lo que he visto.
(D. Rufino, sigue
sujetándole, aprieta los dientes y se queda mirándole fijamente a los ojos. Por
fin lo suelta y lo empuja. Se aparta y se recoloca la ropa.)
D.
RUFINO
Está bien, Gabrielito, está bien, haz lo que creas que debes
hacer.
Gabriel se sacude la zamarra y
recoge el gorro que se le ha caído al suelo. Se va yendo hacia atrás sin
apartar la mirada de la de D. Rufino
FUNDIDO EN NEGRO
10.-EXT. CALLE - DÍA
Calle de un pueblo de Andalucía.
Casas encaladas, macetas con geranios. A mitad de la cuesta se forma una
placita con una fuente, un banco y un algarrobo. Frente a la fuente una
barandilla desde donde se puede ver el valle.
Varias mujeres, casi todas
vestidas de negro, están rondando por la calle, algunas van a por agua, otras
están barriendo la puerta o arreglando las plantas.
Entre ellas CARMEN, amiga de
Remedios. Unos 45 años, como Remedios, morena, pelo largo negro, sujeto con un
pañuelo. Lleva una bata negra con lunares blancos, medias y zapatillas negras.
TROTE DE UN BORRIQUILLO Y
LADRIDOS.
Al principio de la calle aparecen
el borriquillo de Gabriel y Quillo ladrando. Las mujeres se arremolinan.
MUJERES
—¿No es este el borriquillo del Gabriel?
—Sí, y el Quillo.
—Y ¿Dónde está Gabriel?
CARMEN
Qué raro es esto, mirad a ver si podéis sujetar al borrico,
yo me voy a avisar a Remedios.
Carmen sube corriendo calle arriba hasta casa de
Remedios. La llama desde la calle. Quillo la sigue ladrando.
CARMEN
¡Remedios! ¡Remedios! ¡Baja! ¡Date prisa!
REMEDIOS
¿Qué escándalo te traes? ¿Qué pasa? ¿Qué hace aquí el
Quillo?
CARMEN
Estábamos ahí en la replacita y hemos visto subir trotando
solo al borrico y a Quillo ladrando como loco.
REMEDIOS
¿Solos? ¿Y mi Gabriel? ¿No está?
CARMEN
No, iban solos, por eso nos ha “extrañao”.
Remedios baja corriendo hasta la
plaza, donde las mujeres tienen sujeto al borrico. Le registra las alforjas,
saca la bota y el atado de la comida que le había preparado. Sigue rebuscando.
No hay nada más. Apoya la frente sobre el costado del borriquillo y se
derrumba.
CARMEN
Vamos Remedios, tiene que haberle pasado algo, hay que ir a
buscarlo, vamos a llamar a los hombres. Tú quédate en casa por si vuelve. Yo,
en cuanto avise al Genaro, voy a hacerte compañía.
Las mujeres se van corriendo
cuesta abajo hacia el camino que va a las huertas.
FUNDIDO EN NEGRO
11.-INT. CASA - DÍA
Remedios está sentada con Carmen,
en silencio, con las manos recogidas sobre el regazo. Se balancea al compás del
TIC-TAC DEL RELOJ.
CARMEN
Tienes que tomar algo. Te preparo un poco de tila, verás que
te hace bien.
REMEDIOS
No, no quiero nada. Vete tranquila a casa. Yo voy a esperar
aquí a mi Gabriel.
CARMEN
Pero ya es noche cerrada, tienes que descansar.
REMEDIOS
Ya descansaré cuando venga. Tú vete ya “pa” casa.
CARMEN
Me voy a ver si ha vuelto mi Genaro, en cuanto sepa algo
vengo a decírtelo. Venga, te dejo aquí la tila.
Oscurece. Se hace de día. Remedios
sigue en la misma posición.
Se levanta, sale de la casa y se
acerca a la barandilla de la plaza, mira hacia el valle.
Vuelve a la casa, vuelve a
sentarse, vuelve a escucharse el TIC-TAC DEL RELOJ. Oscurece.
FUNDIDO EN NEGRO
12.-EXT. CALLE - DÍA
Se escucha el motor de una
camioneta. Remedios sale corriendo a la calle.
Es una camioneta de la Guardia
Civil.
Se detiene cerca de Remedios.
El Guardia Civil, baja y abre la
parte de atrás de la camioneta. Se queda mirando a Remedios.
GUARDIA CIVIL
Lo hemos encontrado en la sierra, señora, andábamos detrás
de unos maquis y lo hemos encontrado escondido entre unas rocas. Han debido ser
ellos. No se preocupe que les daremos su merecido. La acompañamos en el
sentimiento.
Remedios se acerca, mira a su
hijo, se vuelve y clava su mirada en los ojos del guardia civil.
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